Francisco Crespo, director de @CocaCola , manda al diablo las instituciones mexicanas

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(Nota Original: SDP Noticias“No reconocemos el derecho del gobierno de poner un impuesto”, dijo el director general de Coca Cola México. Ah, chingao. El cocacolero mayor, Francisco Crespo, habló como líder de la CNTE, ni duda cabe.

Por lo visto, el ejecutivo principal de Coca Cola México es otro de los tantos que, en nuestro país, han decidido mandar al diablo a las instituciones.

Vaya tipejo arrogante. Lo es, sin duda. Típico ejemplo de funcionario de empresa evidentemente acomplejado por haberse enriquecido trabajando para los ricos.

Porque el señor Crespo no es un empresario. Es decir, no ha sido un hombre creativo y atrevido, de los que arriesgan sus recursos buscando una ganancia. Ha sido burócrata empresarial, nada más.

Para colmo, tiene algún posgrado en Harvard, lo que incrementa su nivel de mamilidad.

A Crespo le ha ido bien sirviendo a los grandes capitales y piensa que ello lo convierte en intocable. Se equivoca, desde luego.

Es algo que debería entender el referido burócrata empresarial de origen colombiano que, seguramente, en México sigue siendo extranjero.

Menciono lo anterior porque algún abogado de la empresa le podría explicar al señor Crespo que, como forastero, no tiene el derecho de meterse en asuntos de política interna.

Debe tratar a diario el señor Crespo a un importante funcionario de Femsa al que conozco muy bien desde hace tantos años, Carlos Salazar. Que recurra a Carlos (no es abogado, pero es un mexicano inteligente que quiere a su país más que a su empresa) para que comprenda que sus palabras están fuera de lugar.

¿Que el gobierno no tiene el derecho de poner un impuesto? Faltaba más. Tiene que haber un impuesto especial a los refrescos engordadores, como la Coca Cola. Porque es mucho el daño que los refrescos hacen a la salud de los mexicanos, y por lo tanto su consumo debe desalentarse.

Y, por supuesto, al gobierno los mexicanos debemos exigirle al menos otro impuesto especial a las compañías que con sus botellas y empaques, como la Coca Cola y Sabritas, tanto ensucian las calles, los ríos, los bosques de México.

Las botellas y los sobres en los que venden sus mercancías cuesta mucho recogerlos. Pues bien, que el consumidor de refrescos y papitas pague por anticipado los trabajos de limpieza, y si no quiere hacerlo, que deje de consumirlos. Es lo correcto.

Y, conste, no estamos hablando de socialismo, sino de la necesidad de ordenar y limpiar un país que han desordenado y ensuciado tantas personas y empresas que, como la Coca Cola y el colombiano Francisco Crespo, se han sentido por encima de la ley.


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